lunes, 21 de enero de 2013

Con Grey a mí también me han entrado ganas...

Sí, no he podido evitarlo. Después de tanto escucharlo durante los últimos meses, yo también he sucumbido a los encantos ocultos de Grey.

Y no me avergüenzo de ello. Después de leer el primero de los tomos de la trilogía, no he podido evitarlo. Me ha entrado un deseo irreflenable. Y he tenido que hacerlo.

Después de tanto tiempo, no hubiera imagino que iba a ser una lectura, en principio un tanto frívola, lo que fuera a devolverme las ganas de ESCRIBIR.

Cuánto tiempo he mantenido ocultos pensamientos, deseos, sueños, realidades imaginarias (tan sólo existentes -y a ratos- en mi imaginación).

Y ha sido engullir las más de 500 páginas de este libro para no parar de fluir en mi mente palabras encadenadas, buscando un orden lógico que le dé sentido a mis pensamientos.

Todo aquel que no haya caído (aún) en la redes de Grey, puede seguir leyendo estas líneas, ya que no pretendo descubrir su contenido. Aunque quizá, de una manera bastante ambigua y metafórica, algunos puedan llegar a relacionar mis pensamientos con alguno de los pasajes que hemos padecido los lectores de E. L. James.

Tampoco persigo realizar una crítica literaria. Simplemente necesito compartir mis pensamientos después de una lectura tan intensa, cuyas última páginas me ha desgarrado el corazón.

Tristeza, pena, vacío,... un cúmulo de sentimientos, muy alejados de lo erótico-festivo que se presupone que se esconde en este morboso libro. No lo niego, morbo, curiosidad, marketing, ... llámalo X (nunca mejor dicho). Después de tanto escuchar oír hablar de los encantos de Grey, en cualquier espacio de la programación nacional, no podía dejar escapar la oportunidad de leerlo. Sobre todo antes de que llegara a la gran pantalla, y me dejara sin la posibilidad de dejar volar mi imaginación para dibujar las caras de los personajes, los lugares, los detalles que describen sus hogares... todo eso que hace que tu lectura sea tan individual e íntima.

Y como si de un personaje del mismísimo relato se tratara, me encuentro divaganado simultáneamente entre párrafos con mis pensamientos. Vienen a mí circunstancias vividas, directamente por mí, entre mis más íntimos, mi realidad imaginaria, o guiones literarios, intentando buscar un paralelismo con esta relación contractual que hace romper los esquemas de lectura femenina preconcebidos.

¿Y por qué no? Nada más lejos de nuestra realidad social. Y no hay por qué igualarlo completamente con los personajes de estas líneas. De amores platónicos, idealizados, del perfecto galán que protege a la frágil doncella, del amor libre desmesurado de los setenta, y después de haber olvidado el amor por el triunfo de las carreras profesionales en los noventa, en la segunda década del S. XXI la mujer tiene que replantearse su papel en la relación.

Se pasó de la represión sexual al liberalismo, del machismo al feminismo. De un extremo a otro, conociendo los secretos ocultos (por el tabú) del sexo. Pero ¿realmente los conocemos todos? ¿Quién dice lo que está bien y lo que está mal en una relación? ¿Quién pone los límites a la pareja?

Hace 40 años hablar de este libro habría sido impensable. Ni siquiera la autora podría haberse atrevido a anotar estos pensamientos, porque seguro que ni tendrían acceso a la existencia de sus contenidos.

No se trata de sadomasoquismo, de límites y acuerdos por escrito, de dolor; de si en estos momentos en los que al fin se lucha abiertamente contra el maltrato doméstico alguien pretenda enmascararlo en estas líneas.

Es un sentimiento de inseguridad, fortaleza, sensualidad, frustración, cariño, satisfaccción, pena, rencor, miedo, excitación, lujuria, tristeza, pasión, dulzura,... vacío.

¿Y no es eso el amor?

No es un cuento de príncipes y princesas. Ni Rhett Buttler y Scarlett O'Hara lo eran. Ni Helena y Paris lo fueron en Troya. Ni Romeo y Julieta pudieron evitarlo, al igual que Calisto y Melibea.

Y después de tantos amores épicos ¿nos seguimos escandalizando? No es más que otra historia de amores imposibles (o no tanto), solo que esta vez los encuentros íntimos están descritos con una precisión eróticamente sexuales.

Si consigues obviar la narración al más puro estilo de "la sonrisa vertical", podrás profundizar en la problemática historia de amor que encierran sus personajes.

... deseando llenar este "vacío" con Cincuenta Sombras más oscuras....